LOS BUSHIANOS SUPERAN LA ESCUELA DE NIXON
La escuelita es mala, los métodos son los peores, así que seguir sus enseñanzas conduce directamente a las trampas, las mentiras, el juego sucio y... a sobrepasar al maestro. Me refiero a la destrucción de pruebas para sustentar el poder.
Cuando Richard Nixon quedó enredado en el Watergate, el famoso caso de espionaje contra sus rivales demócratas con el que rompió las reglas del juego, aquello le valió ser puesto en la picota pública. Para intentar salir del problema, su secretaria borró «accidentalmente» las cintas grabadas que lo acusaban como hacedor de la fullería, pero de nada le valió porque al final tuvo que renunciar como presidente, empujado por el impeachment.
Ahora, en una administración que deja chiquito al presidente que se ganó el sobrenombre de «Dick el tramposo», las mentiras son a diario, llevan incluso a guerras sin fin y sin victoria, y también a repetir métodos, aunque la blandenguería de los rivales políticos, más interesados en apuntalar el sistema que en serrucharle el piso, le permitan sobrevivir de sus muchos pecados capitales. No hay procesamiento presidencial a la vista, pero desvergonzadamente sí se ocultan pruebas.
El abogado oficial del W. les ha requerido no comentar la cuestión mientras el Departamento de Justicia y la propia CIA indagan sobre el embarazoso y cínico proceder para ocultar la barbarie.Los videos, hechos en 2002, muestran los interrogatorios a Abu Zubaydah —quien habló a los 35 minutos de aplicársele el waterboarding, brutal técnica de simular el ahogamiento— y Abd al-Rahim al Nashiri, dos de los primeros interrogados por la CIA luego de los atentados del 11 de Septiembre.
Y cuidado —no sé si se le fue o lo dijo con igual «lógica» de la impunidad y la prepotencia—, el general Hayden explicó a los empleados de su agencia que las sesiones había sido grabadas para proteger ante la ley a los interrogadores que usaban nuevos métodos duros autorizados por el presidente George W. Bush como forma de quebrar las defensas de los prisioneros «recalcitrantes».
Por lo pronto, los vientos tocan al espía de carrera José Rodríguez, quien en agosto pasado recién se retiró como jefe del directorado de operaciones clandestinas de la CIA. Fue él quien al parecer decidió destruir las grabaciones, y sería pecar de ingenuo creer que su jefe Porter Goss solo lo supo dos días después, así como sería de total candidez suponer que Bush, tampoco tuvo que ver con la destrucción de las evidencias.
El tema merece seguimiento.............

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